Perdonar: no es fácil, pero me encamina a la Paz

Vamos a realizar hoy un viaje por el perdón real, que no tiene nada que ver con ese otro perdón con condiciones. Ese perdón que culpa, que juzga, que somete, que manipula, que no olvida. El perdón del ego, ese que ata pero que igualmente mantiene atado al que no perdona, ese que enferma y envenena, ese que nos suena tan conocido, tan desgastado y tan trillado.
Ese es el perdón que se nos enseña desde niños, como parte de un programa que se nos instala en el inconsciente y que reza así: perdona pero no olvides. Es tan ineficaz este tipo de perdón, tan demente, que nos podemos demorar toda una vida o más tratando de perdonar a alguien o algo que ya no está sucediendo en este momento. Carga pesada esta que nos hace morir en vida y no reconciliarnos de corazón con nuestros hermanos.
El perdón real es una poderosa herramienta de un curso de Milagros, que es un camino para alcanzar la libertad, entendida desde lo que realmente somos, más que desde la razón. Este eficaz instrumento que nos lleva por el camino del despertar espiritual sólo funciona en el presente, en el único momento que existe y pasa por mirar nuestra mente para darnos cuenta que es lo que nos está molestando, cuál es la carga que llevamos encima, qué es lo que nos preocupa, que es lo que nos lleva a estar sediento de resentimientos. Al observar lo que pasa en nuestras mentes, nos empezamos a dar cuenta que ese tipo de pensamientos en este mundo son producidos por el ego, quien se cree que puede controlarlo todo y que considera que siempre tiene la razón.
Estar conscientes de esta situación, del poder que le hemos dado al ego y empezar a convertirnos en los observadores de nuestra propia mente, es un paso clave para alcanzar el perdón real. Cuando empezamos a descartar o más bien a no tomarnos tan en serio al ego, empezamos a soltar y simplemente dejar que las cosas sucedan, empezamos a ver cada vez más que todo sucede sólo en nuestra mente, que todo es un juicio o una elaboración que hemos hecho con base al pasado y que así mismo lo proyectamos afuera.
Por eso el perdón es ahora porque sólo debemos perdonar nuestros pensamientos en cada momento. Que liberación saber que nadie nos ha hecho nada, sólo fueron nuestras ideas proyectadas al exterior. Entonces ocurre la fabulosa experiencia de ver todo nuevo, sin un pasado con el que juzgar y que sólo pasa cuando entrenamos nuestra mente.
El perdón real es con el Espíritu Santo, quien es nuestro ser real, la parte de nuestra mente que sigue conectada a Dios, porque no podemos solos. La entrega entonces, de todas esas ideas que nos perturban, al Espíritu Santo, que es lo que es el perdón real, nos facilita el camino. Él lo cura todo, desde el odio y los resentimientos hasta el miedo y las enfermedades físicas. Cura toda la oscuridad coleccionada en nuestra mente durante siglos y nos ubica en el único instante eterno y real que es el ahora, el instante Santo, en el que no hay necesidad del pasado, ni de juicios, o de miedo al pasado o al futuro.

Extiendo esta extraordinaria y única invitación a probar la poderosa enseñanza de Jesús a través de su Curso de Milagros, un curso en perdón y en ahorrar tiempo, ¿qué podemos perder? Absolutamente nada.

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